El cierre de escuelas en la primavera pasada plantearon preguntas sobre si favorecía a la no propagación del H1N1 y si vale la pena el coste económico y educativo. La decisión del gobierno federal podría tener un efecto de gran alcance sobre decenas de millones de estadounidenses y su economía.
El Presidente Obama y sus principales asesores científicos, miembros del gabinete y la seguridad nacional se encuentran abocados a actualizar la estrategia del gobierno contra la gripe antes de que el año escolar comience este mes, cuando se espera que las infecciones vayan en aumento - en particular entre los jóvenes -. Las decisiones sobre el cierre de las escuelas se hace a nivel local debido a que la gravedad de la gripe varía geográficamente y porque los gobiernos locales y provinciales tienen la autoridad sobre la escuela y la salud pública.
El virus H1N1 no parece ser más letal que la gripe estacional, pero puede ser dos o tres veces más infeccioso y se espera que alcance, fundamentalmente, a los jóvenes afectados, las personas sanas y las escuelas.
En promedio, alrededor de 36.000 estadounidenses mueren al año a raíz de la gripe estacional, y más de 200.000 son hospitalizados, la mayoría de ellos ya ancianos o enfermos. Por el contrario, la mayoría de casos de H1N1 afecta a las personas menores de 18 años, y los niños son más infecciosos que los adultos. Ya Obama, el 29 de abril, instó a las escuelas de EE.UU., si confirmaban o sospechaban de casos de gripe, a considerar seriamente la posibilidad de cierre de hasta dos semanas. El asesoramiento se produjo en medio de un brote de H1N1, en espiral, en México.
Los opositores al cierre mencionan que si las escuelas tendrán que permanecer cerradas durante toda la duración de una pandemia, ello podría tener graves consecuencias económicas. Aducen, también, que los padres tienden a quedarse en casa con sus hijos y ello origina pérdidas financieras generalizadas.
Fuente: Washington Post